17 de noviembre
Mi adorada… jo, te faltaba poquito para los 14. Pero, ya había sido mucho para tu vidita.

Con qué claridad recuerdo cuando te encontré en aquella estación de servicio, abandonada y con tanto peligro. Abrí la puerta del coche y subiste sin decir nada. Y cuando a la semana, tu cabecita de cachorra estaba llena de tics, dijeron que tenías moquillo nervioso y que no había nada que hacer. Pero no nos rendimos. Jamás lo hiciste. Y te transformaste en un ser solidario, alegre, siempre divertida, ni una enfermedad y sin un ápice de mal humor o malas maneras.
Yo… no sé qué decirte ahora… porque lo que más se siente se queda demasiado adentro. Sólo quiero dejarte aquí, en este espacio con sol, el que compartías sentada al lado mientras escribía.
Y por supuesto… que te amo. Y mira, hay alguien que ha salido a recibirte. Sé que tú lo harás por todos nosotros.